En los últimos años, los supermercados se han llenado de colores, símbolos y figuras geométricas en los envases de alimentos. Estos sistemas de etiquetado nutricional frontal (FOPNL) tienen un objetivo claro: ayudar a los consumidores a tomar decisiones más saludables de forma rápida y sencilla.
Aunque cada país ha adoptado modelos distintos, todos comparten una base científica común: facilitar la comprensión del valor nutricional y reducir el consumo de productos ultraprocesados, altos en azúcar, grasas o sal.
Pero ¿Qué diferencias hay entre el semáforo nutricional, los octógonos de advertencia, Nutri-Score y otros sistemas? ¿Cuál funciona mejor? En este artículo te lo explico con un lenguaje claro, fácil de leer y basado en la evidencia disponible.
¿Por qué existen distintos sistemas de etiquetado nutricional?
La tabla nutricional obligatoria —la que aparece en la parte posterior del envase— es útil, pero difícil de interpretar rápidamente, especialmente para personas con poco tiempo, bajo conocimiento nutricional o dificultades de lectura.
Por eso surgieron los sistemas FOPNL. La ciencia indica que estos diseños:
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Reducen la confusión entre productos similares.
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Favorecen elecciones más saludables.
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Incentivan a la industria a reformular alimentos para obtener mejor puntuación, aunque esto no siempre es positivo.
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Ayudan especialmente a personas con menor educación nutricional.
Sin embargo, distintos países han priorizado diferentes enfoques. Por eso hoy conviven varios modelos.
1. El semáforo nutricional
El semáforo nutricional, desarrollado en Reino Unido, fue uno de los primeros sistemas claros y visuales.
¿Cómo funciona?
Utiliza colores verde, amarillo y rojo para indicar si un alimento tiene bajo, moderado o alto contenido de: grasas, grasas saturadas, azúcares y sal.
Cada nutriente recibe un color, por lo que un mismo producto puede mostrar una mezcla: por ejemplo, verde en grasa pero rojo en azúcar.
Ventajas
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Muy intuitivo: los colores se entienden incluso sin conocimientos previos.
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Permite comparar productos similares rápidamente.
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Reduce el impacto de declaraciones comerciales como “light”, “natural” o “sin azúcar añadido”.
Limitaciones
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Puede ser confuso si un alimento tiene varios colores mezclados.
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No genera una valoración global: el consumidor debe interpretar cada nutriente por separado.
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No tiene en cuenta la calidad del alimento, la presencia de edulcorantes o el grado de procesamiento.
2. Señales octogonales de advertencia
Este sistema, implantado en países como Chile, Perú, México y Argentina, se considera uno de los más estrictos y directos.
¿Cómo funciona?
Coloca octógonos negros en la parte frontal del envase cuando el producto supera ciertos umbrales de: azúcares, grasas saturadas, grasas totales, sodio y calorías.
Los mensajes son directos: “ALTO EN AZÚCARES”, “ALTO EN SODIO” o “ALTO EN CALORÍAS”.
Ventajas
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Muy fácil de entender: es prácticamente un “aviso de riesgo”.
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La evidencia científica demuestra su efectividad reduciendo el consumo de alimentos poco saludables.
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Ha impulsado notablemente la reformulación en la industria (menos sal, menos azúcar, menos grasas).
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Evita el “marketing saludable” que confunde al consumidor.
Limitaciones
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No muestra información positiva sobre alimentos saludables.
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Puede ser percibido como una señal “prohibitiva” y generar rechazo en algunos sectores de la industria.
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No diferencia alimentos naturales de ultraprocesados si sus valores pasan los límites.
3. Nutri-Score
Nutri-Score es el sistema más famoso en Europa y uno de los más estudiados.
¿Cómo funciona?
Se presenta como una escala de letras y colores: A (verde oscuro) → opción más saludable y E (rojo) → opción menos saludable
La puntuación se obtiene a partir de un algoritmo que valora: azúcares, grasas saturadas, sal, calorías, fibra, proteínas y presencia de frutas, verduras, frutos secos o legumbres.
Ventajas
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Ofrece una valoración global del producto.
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Muy útil para comparar alimentos dentro de la misma categoría (por ejemplo, distintos cereales de desayuno).
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Está respaldado por numerosos estudios científicos y sociedades de salud pública.
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Incentiva a las empresas a mejorar la composición, o a alterar los ingredientes (añadiendo edulcorantes en vez de azúcar) para mejor su posicionamiento.
Limitaciones
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Algunos consumidores no entienden bien el algoritmo.
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Puede mejorar la nota de productos con edulcorantes o ingredientes poco deseables.
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Alimentos tradicionales como quesos o jamón pueden obtener notas bajas pese a formar parte de una dieta equilibrada.
4. Otros sistemas
Además de los modelos anteriores, existen otros sistemas con popularidad variable:
NutrInform Battery (Italia)
Representa la energía y nutrientes como si fueran “baterías” que marcan el porcentaje consumido por ración.
Es muy informativo, pero más complejo de interpretar.
Health Star Rating (Australia y Nueva Zelanda)
Otorga entre 0,5 y 5 estrellas según el perfil nutricional del alimento.
Es fácil de entender, pero su algoritmo ha generado debates similares a los de Nutri-Score.
5. ¿Cuál es el mejor sistema según la evidencia?
La investigación científica indica que los sistemas más simples, claros y directos son los más efectivos para la población general. En particular:
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Octógonos → mayor impacto en reducir compras poco saludables.
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Nutri-Score → mejor sistema para comparar productos dentro de la misma categoría.
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Semáforo → útil y visual, pero puede generar dudas al mostrar varios colores.
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Batería → muy informativa, pero demasiado técnica para algunos consumidores.
En resumen, los modelos más contundentes y fáciles de interpretar funcionan mejor, especialmente en personas con menor conocimiento nutricional.
Conclusión
Todos los sistemas de etiquetado nutricional tienen un objetivo común: ayudar a tomar decisiones de compra más saludables.
Aunque no existe un modelo perfecto, la ciencia demuestra que los etiquetados frontales:
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Mejoran la comprensión del valor nutricional.
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Favorecen elecciones más saludables.
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Promueven cambios positivos en la industria alimentaria.
En un mundo donde el marketing a menudo confunde, el etiquetado frontal es una herramienta clave para proteger la salud pública. Sin embargo, saber qué comprar por uno mismo y qué producto escoger es algo que debería ser primordial.


